martes, 5 de junio de 2012

La vida no tendría sentido sin la escritura (Entrevista con el escritor portugués Antonio Lobo Antunes)

http://www.revistadeletras.net/antonio-lobo-antunes-la-vida-no-tendria-sentido-sin-la-escritura/

"El valor no es no tener miedo. Porque miedo lo tienes siempre. El valor es hacer a pesar del miedo."

Partida-Iniciación-Regreso (los tres grandes momentos de cualquier viaje que emprenda un héroe)

El viaje del héroe de Campbell se puede descomponer en tres etapas:
La Partida (o Separación),
La Iniciación
El Regreso.

Esas tres grandes etapas son  semejantes a los famosos tres actos de las obras de teatro y de las películas (presentación, nudo y desenlace).

Cada etapa está compuesta por varias partes, que pueden estar presentes o no, y pueden variar su orden dependiendo de la encarnación del mito o relato.

Primero, el héroe se debe separar del mundo real u ordinario en el que vive, marcando el inicio de la historia. En el nuevo mundo, el héroe deberá superar una serie de pruebas y obstáculos para poder conseguir una iniciación en disciplinas extraordinarias. Finalmente, el héroe regresará para compartir con sus semejantes aquello que ha aprendido.

Las etapas del viaje del héroe (Joseph Campbell) aplicadas a la película "La novena puerta"

http://www.youtube.com/watch?v=enn1x4Pwswk

Las etapas del viaje del héroe (Joseph Campbell) aplicadas a la película El Laberinto del Fauno

http://www.youtube.com/watch?v=mtmr-8s7GOE&feature=results_main&playnext=1&list=PLB003D3BA61014383


viernes, 1 de junio de 2012

Traducción Libre del Capítulo 68 de Rayuela (Julio Cortázar) del glíglico al español Karla Portuguez

Apenas él le amarraba el cabello, a ella se le agrupaba el cerebro y caían en pedazos, en salvajes manadas, en animales exasperantes. Cada vez que él procuraba retomar las ideas, se enredaba en un grito de dolor y tenía que mostrarse de cara al monstruo, sintiendo cómo poco a poco la armada se juntaba, se iba mostrando, duplicando, hasta quedar tendido como el barro de pantano al que se le han dejado caer unas flores de marco. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tronaba los dedos, consintiendo en que él aproximara suavemente su oído. Apenas se entreplumaban, algo como un unicornio los entretejía, los separaba y movía, de pronto era el sillón, las esferas volcánicas de las materias, la alejaban asombrosamente del orgullo, los robots del marco en una sobre abertura pausada ¡Eva! ¡Eva! colapsados en la cresta del volcán, se sentía temblar, piernas y brazos. Temblaba el mundo, se vencían las mariposas, y todo se resolvía en un profundo pestañear, en miradas de antiguas gasas, en caricias casi crueles que los encaminaban hasta el límite de los océanos.

Duérmete mi niño (Emilia Fernández)

Duérmete, niño, duérmete.
Duerme que mañana no me verás más
Duérmete que soñando me verás aunque no esté más
Duérmete niño, duérmete que si no, no estaré en tus sueños.
Duérmete niño, que mañana estaré en otra parte.
Duérmete que soñando verás el mañana sin mí.
Duerme niño mío, que ya me voy
Duerme que te estoy diciendo "adiós".
Duérmete.

Mira, Me (Emilia Fernández)

Mira, Me, mira como te mira la mirada que mira al mundo.
Me, mira el ojo que mira al mundo con una mirada que mata al que la niega
Mírame, Me, me mira el ojo que mira al mundo.
Mirándome miras al ojo que mira al mundo.
Mira, Me.


jueves, 31 de mayo de 2012

Traducción libre del Capítulo 68 de Rayuela (Julio Cortázar) Benjamín Vargas

Apenas él le narraba el poema, a ella se le agolpaba el corazón y caían en la nieve, en salvajes arbustos, en sus lados exasperantes. Cada vez que él procuraba lamer las pelusas, se enredaba en un grito quejumbroso y tenía que evolucionarse de cara al óvalo, sintiendo cómo poco a poco las patillas se esponjaban, se iban apelotando, replicando, hasta quedar tendido como el lacito de Rumanía al que se le han dejado caer unas libélulas de Escocia. Y sin embargo, era apenas el principio, porque en un momento dado ella se torturaba los labios consintiendo en que él aproximara suavemente sus lirios. Apenas se entreplumaban, algo como un unicornio los toreaba, los trataba y movía, de pronto era el león, el furioso volcán de las métricas, la jadeante boca del orgullo, los poemas del cosmos en una sobre mítica hago pausa. ¡Helado! ¡Helado! en la cresta del muro, se sentía mal, cráneos y mulos. Contemplaba el trozo, se vencían las mariposas y todo se resolvía en un profundo suspiro, en ramas de bebidas gaseosas, en caricias casi crueles que los apenaban hasta el límite de los rubíes.

Una noche sin fin, Jennifer Molina

Una noche sin fin, sin sol, sin luz
tan pero tan grande que parece un universo lleno de estrellas
Sin ninguna luz ni bichos sonando
Sin perder tiempo retiramos y recogemos
sin parar las estrellas se van desvaneciendo
sin parar, sin parar se desvanece y se va y se va y nunca desaparece
y más y más noche con noche sin perder un solo segundo
sin esperar, sin responder.